¿Qué es la hidroponia? Todo sobre el cultivo hidropónico

Este término hace referencia a una práctica agrícola destinada a cultivar una planta en un medio sin suelo, a menudo llamado más simplemente cultivo “sin suelo”.

No se trata de una técnica nueva, sino que las primeras prácticas se remontan a la antigüedad con los famosos Jardines Colgantes de Babilonia. Además, no es casualidad que la palabra “hidropónico” tenga sus raíces en el idioma griego: “hudor”, “agua” y “ponos”, “trabajo o esfuerzo”.

cultivo hidropónico

En este tipo de cultivo, que actualmente se puede aplicar a las hortalizas (tomates, pepinos, pimientos…) o a muchos tipos de flores, el suelo es sustituido por un sustrato inerte de pH neutro (lana de roca, fibra de coco, turba, corteza de pino, puzolana, gránulos de arcilla…) .

¿Por qué la hidroponía o cultivo sin suelo?

Si ya era una propuesta atractiva en la antigüedad, hoy en día está creando aún más interés, sobre todo si tenemos en cuenta la difícil situación que la humanidad tendrá que resolver pronto: ¡producir alimentos para una población mundial en aumento con cada vez menos recursos!

La razón es que este método de cultivo forzado requiere menos tierras agrícolas (la densidad de cultivo es mucho mayor), agua (hay menos pérdidas por percolación y el agua perdida puede ser recogida y reciclada), nutrientes (casi todos son fácilmente absorbidos por la planta), productos fitosanitarios (en general, el cultivo sin suelo va de la mano con el entorno protegido de un invernadero cerrado) e incluso mano de obra (la densidad de cultivo y los sistemas de apoyo permiten un ahorro sustancial).

¿Cuál es la composición de un sistema de cultivo hidropónico?

El primer componente es el propio sustrato. Se elige por sus cualidades de retención de agua y su neutralidad de pH con respecto al cultivo previsto. La lana de roca colocada en sacos ha dominado el mercado desde hace algún tiempo, pero a partir de ahora otros productos neutros de origen biológico, como la cáscara de coco, también están apareciendo en el mercado. También está creciendo el uso de macetas que contienen puzolana o gránulos de arcilla (cultivos de flores).

Estos medios de cultivo hidropónico se colocan generalmente en hileras para poder formar cuadrados y aprovechar al máximo la superficie disponible de la estructura cerrada (plástico, invernadero de vidrio…), con el fin de maximizar la luz disponible para la planta y al mismo tiempo protegerla de las inclemencias del tiempo (bajas temperaturas, viento…). Por lo tanto, esto facilita la creación de un clima favorable para el crecimiento de los cultivos (control de la humedad, la temperatura e incluso el mantenimiento de un entorno enriquecido con dióxido de carbono [CO2]).

Esta disposición óptima tendrá un efecto muy beneficioso en las condiciones de gestión de los cultivos (tamaño, mantenimiento…) y también en la cosecha (en la mayoría de los casos el cultivo se levanta del suelo y la hortaliza se puede recoger desde una altura alcanzable, con los recolectores moviéndose en un carro móvil, de forma organizada, ergonómica y cómoda).

Para lograr un crecimiento óptimo, una planta debe ser regada y mantenida en un entorno favorable a su desarrollo. No hay que olvidar un factor determinante: la aplicación de los nutrientes necesarios para el desarrollo celular (sales minerales, oligoelementos…).

El agua que se utiliza para el riego es un vector ideal para estas sustancias: aplicándolas directamente al sistema de enraizamiento, que se ha desarrollado en el medio de cultivo hidropónico con una eficiencia óptima. Los fertilizantes excedentes no se filtran a través de los arroyos y vías fluviales hacia el mar como suele ocurrir con los métodos de cultivo tradicionales. Incluso es posible aplicar menos nutrientes ya que se absorben completamente.

Cultivo sin suelo: ¿Una forma eficiente y sostenible de cultivo?

 Al utilizar “suelo artificial”, que está libre de parásitos o enfermedades, el uso de no sólo los insumos de protección de las plantas, sino también el agua y los fertilizantes, lógicamente, se reduce en gran medida. La estructura cerrada del invernadero permite ejercer un Control Biológico Integrado (CIB), introduciendo eficazmente insectos útiles para la función de lucha contra los insectos nocivos: abejorros, mariquitas, etc…

De este modo, prácticamente todos los productos fitosanitarios se vuelven redundantes y ya no existe el riesgo de que los insectos y organismos nocivos se vuelvan resistentes a dosis cada vez más concentradas de productos químicos… una consecuencia conocida y peligrosa. Mediante este sistema de uso limitado del suelo y de irrigación por goteo, en sólo 30 años se ha reducido a la mitad la cantidad de agua consumida para producir 1 kg de tomates. Ahora se ha conseguido llegar a la lógica de producir más alimentos con el uso de muchos menos recursos, lo que se hace necesario por el crecimiento de la población mundial. Y la contaminación de las aguas subterráneas se ha vuelto casi inexistente con el reciclado de agua de los invernaderos.

Un método de cultivo que minimice el impacto en el medio ambiente y que, al mismo tiempo, sea capaz de satisfacer las necesidades de las poblaciones, cumplirá inevitablemente con los criterios requeridos para un desarrollo sólido y sostenible, y la hidroponía lo consigue.

Conclusión

 El cultivo sin suelo tiene muchas ventajas: salud y seguridad en el trabajo (menos productos fitosanitarios y procesos ergonómicos), gestión eficiente del sustrato del suelo, aplicaciones de fertilizantes bien gestionadas, protección de los cultivos mediante métodos biológicos en lugar de químicos, métodos de irrigación que ahorran agua, higiene alimentaria correctamente gestionada, gestión de los residuos agrícolas y productividad optimizada.

Aunque, en la actualidad, este sistema es exclusivo del campo, sólo podemos imaginar que pronto llegará a las ciudades, con todas las ventajas que esta técnica ofrece, principalmente la necesidad de suministrar un producto fresco lo más cerca posible de donde se encuentran los consumidores, con un mínimo de transporte (y por lo tanto una reducción del CO2) y de recursos (agua, fertilizantes…). La fuente de producción estará más cerca de la fuente de distribución: ¡creando un círculo virtuoso para el futuro! Muchos arquitectos ya están planificando edificios del futuro cubiertos de plantas, apoyados por sistemas de irrigación adaptados.

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